Autor:
Erika Brockmann Quiroga
País del autor:
Bolivia
Descripción del recurso:
La política no es aritmética simple, es mucho más que eso, es química compleja. Los procedimientos utilizados por los asambleístas del MAS al aprobar la fórmula de la mayoría absoluta en el polémico artículo 71 de su reglamento honra esa premisa. Pregunto: ¿qué pensaron los alquimistas del poder gubernamental al lograr revertir definiciones concertadas al producir la dócil y súbita votación favorable de 140 de los 142 constituyentes del MAS?, ¿midieron las consecuencias deslegitimizadoras de sus brebajes en el largo plazo al haberse pasado por alto la ley de convocatoria, diluyendo la confianza de un primer acuerdo democrático plural que el pueblo festejó? Confieso que un arrebato de ingenuidad me llevó a pensar que una salida mixta concertada era posible.
Esta definición, que todavía no se consumó, pero está claro que el MAS no está dispuesto a reconsiderar, tiene y tendrá múltiples efectos en la química del sentimiento nacional. En primer lugar, y más allá de las fórmulas aritméticas, desahucia la esperanza de que la Asamblea Constituyente sea el escenario que renueve un pacto nacional de verdad, o dicho de otro modo, que sea el espacio sincero reconstitutivo de una comunidad nacional diversa y plural, hoy fragmentada y desconfiada. Perder esa posibilidad no es poca cosa.
Un segundo efecto al excluirse de la deliberación y las decisiones la voz del 48% de la representación nacional: la Asamblea cobrará un ritmo desenfrenado y abrirá espacio a las revanchas, acelerando la aprobación de una propuesta refundacional gubernamental que aún nadie conoce, ¡eso poco importa! El chanchullo llegará desde el laboratorio donde los alquimistas procesan definiciones para su aprobación sin mayor trámite ni discusión. Con ello, se clarifica y finalmente se desnuda la agenda política que apunta a la reelección. ¡No nos sorprenda si en 2008 retornamos a la gimnasia electoral al convocarse nuevas elecciones nacionales!
Este atropello y desenfreno triunfalista, innecesario dada la fuerza y la legitimidad del Gobierno, tiene el mismo efecto que su No a las autonomías y a más descentralización del poder en democracia. Le hacen un gran favor a la oposición. Rearma un escenario opositor hasta ahora atomizado, sin discurso y sin brújula. Podrá articular una agenda política mínima de contrapeso que, con el tiempo, será genuinamente acompañada por importantes sectores que votaron por Evo, pero que comenzarán a dudar. Ojalá esta oportunidad de reposicionar el polo fragmentado de la oposición, saludable para la democracia, no concluya con el desatino radical de armar una ‘Asamblea paralela’ o replegarse sin dar batalla amenazando con rupturas y heridas difíciles de cicatrizar.
La valoración del debate plural tomará tiempo por las cortinas de humo que invisibilizan la importancia trascendental de lo ocurrido en Sucre. El Gobierno ha tenido la gran capacidad de apretar el acelerador aprovechando un gran momento. En el frente político usa y abusa de esta extraordinaria coyuntura económica, que entre bonanza, ‘bonitis’ y pragmatismo económico eclipsan y opacan el sentido de cualquier protesta. La huelga contra la imposición de la mayoría absoluta es una pequeña luz, ¡todavía es posible protestar!, y lo hacen quienes más allá de las críticas hicieron un esfuerzo radical por concertar. Algún día el pueblo boliviano resistente crónicamente a toda imposición sabrá reconocer este hecho como un hito que intentó romper el embrujo de una alquimia que distrae a los pobres y a las mayorías con brebajes de corta duración.